El Efecto Flynn

En el año 1984 James R. Flynn, investigador neozelandés, descubrió que el cociente intelectual de los seres humanos se había incrementado de forma sorprendente en todos los países a lo largo de todo el siglo XX.  En Estados Unidos el incremento observado era de 0,5 puntos anuales con las matrices progresivas de Raven desde 1900, hasta el punto de que Flynn afirmaba que entre generaciones (padres con respecto a sus hijos) la diferencia era de casi 15 puntos. Los españoles ganaron 19 puntos en 28 años, y los holandeses 20 puntos en 30 años. Esas cifras provienen de un nuevo libro de Flynn, de Cambridge University Press, llamado «¿Nos estamos volviendo más inteligentes?»

Este descubrimiento surgió como consecuencia de la investigación que James R. Flynn estaba desarrollando al examinar los test de inteligencia de más de dos docenas de países, entre los cuales se encontraban Australia, Austria, Alemania, Bélgica, Brasil, Gran Bretaña, Canadá, China, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Israel, Japón, Países Bajos, Nueva Zelanda, Norte Irlanda, Noruega, Suecia y Suiza. Cuando Flynn recibió los datos de Holanda se sorprendió y se dio cuenta de que el incremento en el cociente intelectual se estaba produciendo en todos los países, con claras diferencias entre ellos, pero de forma constante.

Según esta investigación, el americano medio en el año 1900 tendría un cociente intelectual que, comparativamente con el actual, se encontraría por debajo de 70, lo que supondría que muchos de los americanos de aquella época, hoy serían considerados poco inteligentes. 

El incremento es claro, aunque las pruebas de inteligencia se actualizan periódicamente para parametrizarlas con la evolución de la población. Esto se pudo observar, por ejemplo. en el propio estudio de David Wechsler sobre su examen adulto revisado: (Wechsler Adult Intelligence Scale-Revised (WAIS-R)) – el grupo de sujetos que obtuvieron de promedio 103.8 en el nuevo WAIS-R tenía una media de 111.3 en el viejo WAIS. Esto implica que el rendimiento real de la prueba de CI de los adultos aumentó en 7.5 puntos entre 1953 (cuando el antiguo WAIS estaba normalizado) y 1978 (cuando el WAIS-R fue estandarizado), que es una tasa de aproximadamente 0.3 puntos de CI por año.

Este aumento de la inteligencia de la población recibió el nombre de Efecto Flynn en el famoso libro «The Bell Curve»  publicado en 1994 por los profesores s Richard J. Herrnstein y Charles Murray.  En el mismo, se analizaba la importancia de la inteligencia en la vida  de los americanos, llegando a afirmar que existía una relación muy clara entre el cociente intelectual de una persona y su nivel socioeconómico, ya que los sujetos con mayor inteligencia conseguían mejores resultados escolares y, como consecuencia, mejores empleos. En el mismo libro se publicaron datos de sus investigaciones que establecían correlación entre los niveles intelectuales y el origen racial, llegando a afirmar que podrían existir diferencias de más de 15 puntos entre los sujetos de raza blanca y los de raza negra, lo que supuso que el libro recibiese grandes críticas y generase una gran controversia en todo el mundo.  

También Arthur Jensen, considerado uno de los 50 psicólogos más eminentes del siglo XX, fue una figura polémica porque defendía las diferencias basadas en la raza y la inteligencia, y fue un gran defensor de la posición hereditaria en el debate de si la inteligencia es genética o adquirida, llegando a la conclusión con sus investigaciones de que la genética juega un papel muy importante en los rasgos de comportamiento, como la inteligencia y la personalidad.

Sin embargo, Flynn no cree que la inteligencia de la población haya aumentado y que la misma dependa solamente de la herencia y, por lo tanto, de la genética. En su opinión, las pruebas de inteligencia miden la inteligencia académica, la que se aprende con la práctica y el aprendizaje y, por lo tanto, el efecto del aumento en las puntuaciones de las pruebas de inteligencia tendría que ver más con el ambiente que con un mejor desarrollo del cerebro humano, razón que podría explicar también las diferencias raciales en base a su diferente desarrollo cultural.

James R. Flynn
James R. Flynn

En cuanto a las causas reales del Efecto Flynn, todavía están siendo investigadas por científicos de todo el mundo. Entre los investigadores se manejan varias hipótesis para explicarlo: 

La primera hipótesis es la educación, ya que la educación de las nuevas generaciones en los países desarrollados ha aumentado de forma significativa durante el siglo XX, durante el cual también se ha incrementado de forma significativa el período de tiempo dedicado por los jóvenes a esta área. Sin embargo, contra esta hipótesis algunos investigadores argumentan que también se observan incrementos en los resultados de las pruebas de CI libres de la influencia educativa, como las matrices progresivas de Raven.

La segunda hipótesis entra en relación con los cambios sociales, y a la idea de que las personas han aprendido a trabajar mejor con tiempos más reducidos y, por lo tanto, en las pruebas de inteligencia pierden menos tiempo y llegan a conclusiones que demuestran mayor inteligencia. Sin embargo, también se pueden encontrar estudios que contradicen esta segunda hipótesis.

La tercera hipótesis tiene que ver con la mejora en la alimentación de la población. Las personas con una mejor alimentación, es lógico que muestren un mayor rendimiento en todas las actividades y, por lo tanto, también en las pruebas de inteligencia.  Sin embargo aunque se considera que sí puede ser una causa, no explicaría las ganancias de cociente intelectual en todo el mundo.

Por otro lado, Steven Berlin Johnson, divulgador científico americano, afirma en su libro “Everything Bad Is Good for You: How Today’s Popular Culture Is Actually Making Us Smarter” que la cultura popular está provocando que los consumidores sean cada vez más inteligentes, ya que las formas de entretenimiento de hoy en día, como la televisión, los videojuegos, internet, etc. son cada vez más complejas. Esta mayor complejidad de las formas de entretenimiento va en la misma línea en la que se van produciendo los aumentos en cociente intelectual en los Estados Unidos, porque estas ayudan a las personas a desarrollar habilidades de pensamiento crítico. Por ejemplo, los videojuegos obligan a los jugadores a resolver problemas complejos, a tomar decisiones, a trabajar en equipo en ocasiones y a desarrollar su habilidad en situaciones diversas. Johnson opina que esta es la explicación más clara sobre el aumento en el cociente intelectual, frente a las otras hipótesis como la nutrición y la educación. 

Steven B. Johnson lo expresa claramente en el siguiente párrafo  “Pensad en el esfuerzo cognitivo y lúdico que debía hacer fuera de la escuela cualquier niño de diez años de hace un siglo: leía los libros que encontraba, jugaba con juguetes o a la pelota con los sus amigos del barrio. Pero la mayor parte del tiempo se lo pasaba ayudando en las faenas de la casa o haciendo de mano de obra infantil. Comparad esto con el nivel de dominio tecnológico y cultural de un niño de diez años de hoy en día. Ahora sigue la actualidad de un puñado de equipos de deporte profesional, alterna como si nada la mensajería instantánea con el correo electrónico para poder comunicarse con sus amigos y se sumerge en inmensos mundos virtuales adoptando nuevas tecnologías multimedia y resolviendo los problemas con toda la naturalidad del mundo. Gracias al aumento del nivel de vida, estos niños también tienen más tiempo libre que el que podían tener hace tres generaciones. Las aulas pueden que estén llenas desde hace años, pero los niños de ahora son puestos a prueba constantemente por nuevos medios audiovisuales y tecnológicos que les inducen a adquirir estrategias más avanzadas para afrontar la resolución de problemas. Casi todas las familias con niños pequeños hacen bromas explicando cómo el hijo pequeño sabe programar el video mientras que su padre y su madre, con todos sus títulos universitarios, apenas saben programar el despertador. “

La primera aplicación a gran escala de pruebas de inteligencia se produjo durante la Primera Guerra Mundial, cuando los psicólogos empleados por el ejército de los EE. UU. Realizaron pruebas a más de un millón de soldados. Una generación más tarde, los psicólogos de la Segunda Guerra Mundial encontraron que los reclutas de 1941-45 obtuvieron resultados sustancialmente más altos que los de 1917-18. Este aumento que ahora se considera una manifestación temprana del efecto Flynn, entonces se explicaba porque los soldados de la Segunda Guerra Mundial estaban mejor educados y tenían más práctica en la realización de pruebas de inteligencia que, para entonces, formaban parte de la vida habitual de los americanos. 

El posible efecto de alimentación también ha sido argumentado  por Richard Lynn de la Universidad de Irlanda del Norte como causa fundamental de Efecto Flynn porque la estatura del adulto medio de hoy en día en una nación industrializada es mucho mayor que la de hace un siglo. Este aumento de estatura ha llegado a ser de más de un centímetro por década, lo que ha venido acompañado por un aumento similar en el tamaño de la cabeza. Así, cerebros más grandes producirían niveles más altos de inteligencia.  Esta hipótesis no está demostrada, pero sí se sabe que la malnutrición produce descensos apreciables en los niveles de inteligencia.

Patricia Greenfield, de la Universidad de California en Los Ángeles, afirma que los niños expuestos a los medios audiovisuales, habituales desde la primera infancia, desarrollan habilidades específicas de análisis visual en las que superan a sus padres. Así, los grandes incrementos en las pruebas son explícitamente visuales (como las Matrices Progresivas de Raven) y podrían estar afectadas por este desarrollo de la capacidad de análisis visual.

La influencia del ambiente está demostrada también en el deterioro cognitivo en la vejez. El hecho de que la inteligencia esté afectada por aquello que hacemos, además de por la genética, es el llamado “Impuesto del brillante”, según el cual la gente más inteligente sufre mayor deterioro cognitivo después de los 65 y parece que esto se cumple en cuanto a las habilidades verbales. Un cerebro brillante,  dice Flynn, es como un coche de alta gama que requiere mayor mantenimiento cuando envejece, si bien otra explicación de este hecho es que las personas muy brillantes suelen ocupar puestos de trabajo con una gran demanda intelectual, lo que ayuda a mantener el cerebro en forma, pero al jubilarse se pierde esa ventaja que el ambiente laboral les proporcionaba y el deterioro parece ser más rápido que en otros sujetos. 

En esa misma línea se realizó otro estudio en la OECD sobre la evolución de la memoria de trabajo con la edad, según se midiese en Francia, donde el 80% de la población se retira entre los 55 y 65 años, o en Suecia donde el 80% de la población todavía trabaja a esas edades. La pérdida era mucho mayor en Francia, lo que podría indicar que seguir trabajando hasta edades avanzadas es muy importante para mantener el cerebro en forma. Esto incidiría nuevamente en la importancia del entorno, del ambiente, para desarrollar o reducir la inteligencia de las poblaciones.

Pero, como dice Flynn, lo importante no es saber si nos estamos volviendo más inteligentes, sino en entender lo que definimos como inteligencia con todas sus diferentes facetas y complejidades.

Efecto Flynn Negativo

Idiocracia

En el año 2004 los investigadores observaron que desde 1975 el cociente intelectual (CI) promedio de los humanos ha disminuido. Una explicación a este hecho podría ser que cada vez vivimos más años y que parte de la inteligencia se deteriora con la edad. También se ha planteado la hipótesis de que se debiese a la baja tasa de natalidad en los países occidentales, entre los niveles más educados de la población, lo que podría haber hecho disminuir el nivel de inteligencia generación tras generación. Esto es algo que refleja de forma hilarante la película dirigida por Mike Judge «Idiocracia» (2006), que describe una hipotética y distópica humanidad en el siglo XXVII, donde la inteligencia ha dado paso a la estupidez generalizada por el cambio en los patrones de reproducción de la población más inteligente.

El trabajo publicado en PNAS, entre otros por Ole Rogeberg, investigador del centro Investigación Económica Ragnar Frisch (Noruega), muestra un efecto Flynn negativo entre los jóvenes noruegos, a partir de más de 730.000 pruebas realizadas a jóvenes de 18 años que se presentaron al servicio militar entre 1962 y 1991.

Sin embargo, en los países en desarrollo se sigue observando claramente el Efecto Flynn con incrementos en los niveles de CI de la población.

Ole Rogeberg, admite en sus declaraciones a SINC que podría haber otras explicaciones alternativas: «Las pruebas de aritmética y vocabulario podrían estar detectando cambios en las habilidades matemáticas y de lenguaje de los niños, en lugar de un cambio en su inteligencia como tal».

En “The negative Flynn Effect: A systematic literature review” Edward Dutton polemiza enumerando posibles culpables de la reversión del efecto Flynn: “un mayor consumo de anticonceptivos, una mayor riqueza y el cambio migratorio», junto con una mayor esperanza de vida provocada por el desarrollo de la medicina. La solución, en su opinión, consiste en que los más inteligentes tengan más hijos.

Jakob Pietschnig considera que el estancamiento y la reversión del CI se pueden comprender como «una consecuencia necesaria de la especialización del ser humano en diferentes dominios». Las habilidades cognitivas han cambiado a lo largo de la historia. «Algunas capacidades que forman parte del intelecto cambian según las prioridades de cada generación».

Otra explicación, más sencilla y formulada por algunos investigadores, es que el aumento no puede continuar para siempre y es posible que en los países más desarrollados se haya llegado a un estancamiento en el crecimiento.

Si observamos la inteligencia como un potencial innato de desarrollo en el ser humano, si este encuentra las condiciones ambientales, la inteligencia podrá seguir creciendo en el futuro. Una mejor alimentación, mejoras en la educación y en la salud, y el entrenamiento constante con la tecnología, a disposición de los niños casi desde que nacen, nos hará cada vez más inteligentes. Por otra parte, también es previsible que los resultados promedio de la población puedan descender con el envejecimiento de la población y con el descenso en las tasas de natalidad de las clases más favorecidas, las que, por otra parte, pueden encontrar mejores oportunidades para dar a su descendencia un entorno más estimulante. La discusión sigue abierta y solo el tiempo nos dirá si nos estamos haciendo cada vez más listos o más torpes.

Referencias

James R. Flynn: The mean IQ of Americans. massive gains. Nueva York: Harper and Row. 1984

James R. Flynn: Massive IQ gains in 14 nations: what IQ tests really measure. Psychological Bulletin 101: 171-191, 1987

Ulric Neisser: Rising Scores on Intelligence Tests, American Scientist, Septiembre – Octubre 1997.

Steven Berlin Johnson – Everything Bad is Good for You: How Today’s Popular Culture Is Actually Making Us Smarter. Nueva York. Riverhead Book. 2005.

Jakob Pietschnig y Martin Voracek. One Century of Global IQ Gains: A Formal Meta-Analysis of the Flynn Effect (1909–2013). Perspectives on Psychological Science 2015, Vol. 10(3) 282–306.

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