Inteligencia Emocional

El término Inteligencia Emocional (IE) se refiere a la habilidad para detectar las emociones y sentimientos, propios y ajenos, saber diferenciarlos y utilizar esa información como guía para el pensamiento y la acción. (Salovey y Mayer proponentes del concepto Inteligencia Emocional posteriormente ampliado y difundido por Daniel Goleman).

Lo que hemos dado en llamar Inteligencia Emocional se centra en otras características diferentes de las que habitualmente consideramos dentro del Cociente Intelectual de una persona.

Hablamos de cuatro habilidades específicas:

1. Reconocer las emociones a través de expresiones faciales, tono de voz, expresiones artísticas y otros simbolos culturales. Desde muy temprana edad los niños aprenden a interpretar las expresiones faciales de los adultos (sonrisa, enfado…) y a responder en consecuencia. Es algo intrínseco a la naturaleza humana y necesario para nuestra supervivencia.

2. Las emociones influyen en los pensamientos, convirtiéndose en algo positivo o negativo en función de la cualidad de la emoción (me siento alegre, valgo mucho…). Esta capacidad permite diferenciar emociones y asociar éstas con pensamientos y sensaciones.

niños superdotados3. Las personas que tienen la capacidad de comprender las emociones, sus significados, cómo se producen y cómo cambian a lo largo del tiempo, tienen una mayor facilidad para conocerse a sí mismos y a los demás. Comprenden también que la experiencia de las emociones está gobernada por reglas, así la persona aprende que la ira aparece cuando algo o alguien es injusto, el miedo con frecuencia va seguido de alivio, el desaliento o abatimiento pueden alejarnos de los demás, etc.

4. Solo si existe una buena percepción emocional se pueden manejar los cambios en el estado de ánimo y manejar las emociones. Ejemplos de habilidades en este nivel son saber cómo calmarse después de experimentar un ataque de cólera, o ser capaz de aliviar la ansiedad de otra persona.

También estamos hablando de la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en nuestro empeño a pesar de las frustraciones y fracasos, de controlar nuestros impulsos, de aplazar una gratificación que podría ser inmediata por algo menos próximo en el tiempo, pero mejor para nosotros, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia y la ansiedad interfieran con nuestra facultades racionales y, finalmente, aunque también muy importantes, la capacidad de empatizar y confiar en los demás.

Todas ellas podemos considerarlas ampliamente como Habilidades Emocionales, frente a las Habilidades Racionales que miden habitualmente los Test de Inteligencia.

Mientras que la inteligencia racional o CI es algo sobre lo que poco se puede hacer, la gente es inteligente o no lo es de forma innata, sí es posible desarrollar nuestras Habilidades en Inteligencia Emocional con el entrenamiento adecuado.

Niños superdotadosPero el CI no basta para explicar por qué personas con unas aptitudes parecidas, educación, perspectivas y oportunidades similares tienen destinos tan diferentes en sus vidas.

Estudio de la Universidad de Harvard

Durante los años cuarenta se llevó a cabo en la Universidad Americana de Harvard un estudio que supuso un seguimiento de varios años de duración a noventa y cinco estudiantes. La conclusión de este estudio fue muy clara: Los estudiantes que habían obtenido las calificaciones más altas, con un rendimiento más elevado en sus estudios, no habían alcanzado, sin embargo, un éxito laboral significativamente mejor que sus compañeros. Hablamos de éxito laboral en cuanto a salario obtenido, a calificación profesional o estatus. Tampoco eran significativamente más felices con su pareja o su familia, ni tenían mejores relaciones con sus amigos o relaciones sociales en general.

La importancia de la Inteligencia Emocional

Se han hecho estudios similares con numerosos grupos de estudiantes de otros ambientes y niveles sociales y las conclusiones coinciden. En general, el éxito en la vida en los términos que lo hemos intentado definir anteriormente, éxito a nivel laboral, familiar y social, no depende exclusivamente del CI, realmente esto solo supone un pequeño porcentaje del total.

Y, sin embargo, sí se puede comprobar que existe una relación importante entre el éxito y las satisfacciones obtenidas en la vida y la capacidad para conocer y controlar las emociones, la capacidad de perseverancia y motivación y las habilidades sociales. Todas estas premisas entran dentro de lo que entendemos por Inteligencia Emocional.

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