Personalizar la educación de las altas capacidades no es segregar

En la mayor parte de los países desarrollados los alumnos con necesidades educativas especiales reciben educación especial, tanto si son niños con capacidades por debajo de lo normal como si son niños con altas capacidades y superdotados.

En nuestro país, desde hace muchos años se ha impuesto la educación inclusiva. Para todos por igual. De esta forma, los alumnos asisten a los diferentes cursos educativos en función de su edad cronológica en todos los casos, independientemente de sus conocimientos y de su capacidad.

A primera vista, y sin profundizar en el tema, esta medida puede parecer justa. Sin embargo, al ofrecer a todos los estudiantes las mismas oportunidades y obligaciones, se cometen grandes injusticias cuando nos encontramos con un niño que con tres años ya sabe leer. Este alumno se pasará los tres primeros cursos de infantil conociendo los nombres de las letras y recibiendo lecciones para aprender a leer y escribir su nombre.

Este ejemplo no solo se circunscribe a la lectura, ya que lo mismo ocurrirá en el ámbito del cálculo. Niños con altas capacidades preparados para realizar operaciones complejas que se encuentran en clases donde apenas saben escribir los números o sumar y restar a nivel básico.

Una situación común entre los niños de altas capacidades que se mantendrá durante toda la educación primaria. En muchos casos, los profesores y formadores se sentirán satisfechos al observar que el niño obtiene notas estupendas. Salvo que ese alumno muestre problemas de comportamiento en clase o en sus relaciones sociales, en el centro educativo nadie se planteará que el estudiante se encuentra muy por debajo de su capacidad y que se está acostumbrando a realizar un esfuerzo nulo.

El llamado Síndrome o Efecto de Pigmalión Negativo lleva a estos niños a rendir muy por debajo de sus capacidades reales para adaptarse a lo que se espera de ellos. Unos resultados que se corresponderán con los de los niños de su edad cronológica, pero en ningún caso con aquellos de su misma edad mental, normalmente dos o tres años por encima.

Algunos docentes plantean, con gran seguridad en sí mismos, que lo que deben hacer estos niños es ayudar a sus compañeros o, lo que es lo mismo, suplir la labor del profesor. En lugar de estar aprovechando su capacidad y el tiempo en la escuela para aprender y desarrollar el máximo de su potencial y, al mismo tiempo, desarrollarse integralmente como personas, se les exige ocupar un espacio que no les corresponde.

Las consecuencias de una política educativa negativa para las altas capacidades y los superdotados

Segregación superdotados

Las consecuencias de esta política educativa, inclusiva y no segregadora, son terribles para los niños de altas capacidades y los superdotados:

Si su comportamiento es excelente, es posible que solo se vean abocados al fracaso escolar, por su falta de motivación y aburrimiento. No desarrollarán ninguna capacidad de esfuerzo y podrán llegar a suspender en la ESO, el Bachillerato o en la Universidad.

Si su comportamiento es disruptivo (porque al aburrirse, molestan), habrá muchas posibilidades de que terminen en los servicios de salud mental e incluso medicados para que se calmen y se centren, con diagnósticos tan variados como Hiperactividad, Impulsividad, Déficit de Atención, Trastorno Negativista Desafiante, etc.

Si su comportamiento es de aislamiento social y sus padres se preocupan, podrán terminar con diagnósticos de TEA leve, Síndrome de Asperger, etc. En cualquier caso, podrán ser calificados de inmaduros emocionales, por lo que cualquier intento de solicitar una aceleración de curso será contestada inmediatamente resaltando este aspecto, argumentando que emocionalmente no le conviene debido a su inmadurez.

Los intentos de crear unidades de educación especial para estos niños, o colegios de excelencia, son mal vistos por parte de la sociedad. En estos casos, se suele considerar que se están realizando políticas de segregación educativa, sin tener en cuenta el daño moral y psicológico que las políticas de educar a todos por igual están causando a estos niños. Estas políticas no tienen en cuenta ni sus capacidades ni sus conocimientos previos. Llegamos hasta el absurdo de que sistemáticamente se condenan este tipo de actuaciones, confundiendo la justicia social con café para todos. No se tiene en cuenta que el Siglo XXI debe, y tiene que, ser forzosamente el siglo de la educación personalizada a todos los niveles. Resulta lógico comenzar por aquellos alumnos que tienen más problemas para encajar en un sistema educativo convencional.

A pesar de lo que se suele pensar habitualmente, esta justicia social mal entendida perjudica sobre todo a los niños de las clases más humildes, cuyos progenitores no tienen recursos para poder llevarles a centros especiales de otros países o para darles apoyo emocional y educativo especial fuera de los escasos recursos de los servicios públicos. Esto nos lleva a perjudicar de forma clara a los que más necesitan esa justicia social, privándoles de una educación de calidad y a la altura de sus necesidades.

La supuesta segregación con las altas capacidades y los superdotados

Segregar altas capacidades

Todo el mundo asume que si tenemos un genio de la música, es normal que aprovechemos su talento llevándole desde muy pequeño al conservatorio. A su vez, si tenemos un genio de la pintura, parece lógico que acuda a clases especiales destinadas a que desarrolle todo su potencial. Y al mismo tiempo, si se descubre a un genio en el deporte, pronto podremos verle entre los alevines de los grandes equipos. Nadie habla en estos casos de segregación.

Pero si tenemos un chico con un talento especial para las matemáticas, para la lógica, con un desarrollo verbal superior a compañeros con tres o cuatro años más, o con una memoria extraordinaria, cuando sus padres piden colegios especiales para sus hijos se habla de segregación ¿Dónde está la justicia social en estos casos?

La consecuencia de esta mal entendida inclusividad es que el talento de muchos de nuestros chicos se pierde en las escuelas y, por esta y otras razones, contamos con tan pocos científicos destacados en nuestro país. Solo debemos preguntarnos cuántos Premios Nobel hemos conseguido en el ámbito científico ¿Dónde están? Sin embargo, tenemos grandes genios reconocidos en el mundo del deporte, la música o la pintura.

Personalizar la educación no es segregar, es “Educar en la diferencia, porque todos tenemos derecho a dar lo mejor de nosotros mismos”

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